miércoles, 24 de septiembre de 2008

PAPEL DE LA MORAL EN EL BUDISMO, PITAGORISMO Y ESTOICISMO.


Ruben Capdevila




Es increíble como podemos encontrar tantas semejanzas entre doctrinas tan, aparentemente diferentes como lo son por una parte el Budismo, bastión de oriente, y por otra el pitagorismo y el estoicismo, que son, dicho sea de paso dos de los mejores representantes de la filosofía axiológica de occidente.

Pero más allá de las distancias geográficas que separan al Budismo de las citadas doctrinas occidentales, existe un misterioso hilo que las enlaza, y las tonifica en función de un misma búsqueda, de un mismo ideal: el de la liberación del Yo de la prisión terrenal. No hay pues en esto muchas vueltas que dar. Compárese simplemente las lecturas del los “Versos de Oro” atribuido a Pitágoras, y una obra fundamental del budismo como lo es el “Dammapadha”, lo mismo que “Cartas morales” de Séneca u obras de Marco Aurelio, y se encontrará un mismo enfoque axiológico.

Aunque en realidad del propio estudio de la Historia se desprende una posible relación bastante interesante entre las tres doctrinas que de ser cierta explicaría de alguna forma las similitudes encontradas en estas filosofías.

No sabemos en realidad si, Pitágoras, fue anterior a Gautama “el Buddha”, o si fue contemporáneo, o su sucedáneo. Se lo ubica generalmente hacia el 560 a.c. Pero algunos suponen que fuese contemporáneo de Numa Pompilius, e inclusive se habla de una posible relación de Pitágoras con este legendario Monarca de Roma. Por otra parte se sabe que Pitágoras realizó diversos viajes al oriente, incluso a la India donde según las tradiciones lo recuerdan como Yavanacharya (el maestro Jónico).

De igual forma hay quienes afirman que el mismo Siddharta Gautama hubiese visitado la Roma de los primeros tiempos, más adelante los cristianos convertirán la figura del Buddha en el muy misterioso “San Yosafat”, si esto es cierto se aclara de manera suficiente el fondo casi Budista en la Doctrina Estoica.

Como quiera que sea, por medio del estudio comparado, se dilucida una común aspiración moral: Alcanzar la felicidad por la práctica de la Virtud. Lograr la armonización de los elementos que constituyen al hombre en función al Yo Superior, al Ego Espiritual.


MORAL EN EL BUDISMO

“Más grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres es la conquista de uno mismo.”
Dammapadha

Aunque las apreciaciones de diversos críticos modernos quieran que el Budismo sea un Religión “sin moral” y “sin Dios”, de las mismas obras a nuestro alcance como el “Dammapadha” ,por dar un ejemplo, se desprende el alto contenido moral de la doctrina Budista.

Más en las enseñanzas Budistas la moral no es una regla fría, una norma impuesta, no es una imposición externa, sino que se educe del interior del hombre, es un imperativo del Ego Superior, del Yo real. Este Yo Superior actua entonces como gobernador de toda la seidad del hombre, lo armoniza y elimina el Yo inferior.

Es pues la moral Budista, una moral conciente, una moral discernida, que pasa a traducir en la practica a la Recta Acción. Es una Moral entonces que propone la subyugación de las pasiones , placer y dolor, bajo el arbitrio de la conciencia despierta, hace posible trascender la dualidad del mundo, bien y mal, e incluso el mismo Yo, y alcanzar la Gran Liberación , el Nirvana, que no es “aniquilación”, ni “emancipación” simplemente – y esto debe entenderse para captar la esencia de la moral budista – sino que fundamentalmente es “absorción en la total seidad” , “fundirse en el absoluto ser que es todo y nada a la vez”, que es “vacío e inefable”.




MORAL EN EL PITAGORISMO

Dice Julián Marías “En la escuela pitagórica tenemos...el ejemplo claro de la filosofía como un modo de vida”[1].

Y de hecho más allá de lo oscuro de las doctrinas Pitagóricas, ya en tiempos de su fundador y hasta en sus últimos años las Escuelas Pitagóricas desarrollaron en verdad un moral super estricta y rigurosa, que al estudiarla es forzoso que no se la compare con la estoica.

Lo que se trataba era pues domeñar todos los placeres de la carne, por el sometimiento a diversas y difíciles pruebas de carácter verdaderamente mistéricos. El discípulo novel era puesto a prueba constantemente, la exigencia era un estado de alerta y vigilancia constante para con nuestra naturaleza terrenal:

“Haz pues lo que no te dañe, y reflexiona antes de actuar.
...Y no dejes que el dulce sueño se apodere de tus lánguidos ojos
sin antes haber repasado lo que has hecho en el día:
¿en qué he fallado? ¿qué he hecho? ¿qué deber he dejado de cumplir?
Comienza del comienzo y recórrelo todo,
Y repróchate los errores y alégrente los aciertos.”
[2]


Con los pitagóricos aparece en Grecia definitivamente el tema de la liberación, del hombre suficiente, que se basta de sí mismo, de sus solas fuerzas morales.

El Pitagórico es el hombre ejemplar, el que no espera de la amenaza de los Dioses, para cumplir con su misión en el mundo, quiere ser el “hijo predilecto de los Dioses”. Y si la adversidad se precipita sobre el, la afronta con valentía y entusiasmos:

“De los sufrimientos que caben a los mortales por divino designio,
la parte que a ti corresponde, sopórtala sin indignación;
pero es legítimo que le busques remedio en la medida de tus fuerzas;
porque son tantas las desgracias que caen sobre los hombres buenos.”
[3]


La influencia de las Escuelas Pitagóricas, más allá de toda critica moderna a su modus vivendi, es evidentemente decisiva tanto para la filosofía Griega como para la Romana, aunque en cuanto a la moral no fueron realmente comprendidos.


MORAL ESTOICA


El Estoicismo, es sin duda la moral con mayúsculas, la moral de los hombres fuertes.

En el Estoicismo aparece nuevamente el hombre autosuficiente, que se basta así mismo. Y que no se fortalece mas que en la medida en que las pruebas del destino se van recrudeciendo. Creo que de alguna manera Nietzsche adopta la concepción moral de los estoicos a hablar de la “moral de los Señores”, en oposición a la “moral de los esclavos” que se dejan desmoronar ante los más insignificantes avatares de la vida.

Para el Estoico el bien supremo es la Felicidad y esta se origina en la practica de la virtud. Esta virtud consiste pues en “vivere secundum naturam”, es decir vivir en armonía con la naturaleza, entendiendo por naturaleza el todo.

Así que en el Estoico hay como diríamos un suerte de “moral natural” que consiste simplemente en ir acorde con el ritmo de la naturaleza, y la naturaleza obra por sobre todas las cosas de manera recta e inegoista.

Por eso el Estoico comprende el verdadero sentido de la libertad, y la vive, Epicteto es un ejemplo de eso. La moral estoica no escatima esfuerzos para el cumplimiento del deber, ni tiene conmiseración para con la naturaleza carnal y sus debilidades, sino que obra acorde con la ley de Dios, y solo de esa forma se siente libre y soberano : “Parere Deo libertas est”[4]


[1] Julían Marías, Historia de la Filosofía
[2] Pitágoras, “Los Versos de Oro”
[3] Pitágoras, Op.Cit.
[4] “Solo obedeciendo a Dios se es Libre”